viernes, 24 de abril de 2009

Día 0 - La internación

Día hermoso en Berlín, primaveral y soleado. Me levanté muy tempranito como si me fuera de viaje, me duché, me depilé, me encremé. Qué rara la sensación de querer entrar linda y bien limpita al quirófano. Además, armé la valijita. -Sí, es como irse 10 días de viaje a algún lado- pensé. Mientras me preguntaba qué guardar, cuánto guardar, para cuántos días - y esto significa en detalle lo siguiente: cuántos días voy a estar en la bata en terapia intensiva, voy a estar despierta, me voy a cambiar la ropa, ¿bombachas?, ¿1, 2, 3 libros? ¿Qué voy a hacer, cómo voy a sentirme? - asocié que en alemán el piso del hospital, la internación la llaman "Station", o sea, me voy a la estación, con mi valijita con rueditas, con un poco de ropa y un par de libros.
Quería que fuéramos caminado para ver el camino que Laura, Cacho y Matias harían diariamente pero no tuvimos tiempo. En taxi son 2 minutos.
En la admisión hacer los trámites; es como un check in a un hotel en el cual uno no se quiere quedar. Por suerte, uno es convencido un poco con tanta amabilidad. Hay que pagar un extra por la habitación privada y el acompañante (quien, sí o sí, recibe las comidas del hospital, suerte que hay menúes varios para elegir). Es en Euros y sólo por eso es caro. La plata pierde un poco su contexto cuando estamos en el mundo de las hemicolectomías. Todo vale para estar mejor, aunque sea un postoperatorio en Euros.
Sacan sangre para chequear que todo esté en orden y ésa es mi primera aproximación con el regreso y la dimensión Hosp: te pinchan, te sacan algo que es de adentro para afuera, miran valores que son secretos, que no son para mostrar. La charla de admisión con el médico: -¿ya sabés, no? Te hacen un tajo en la panza, te cortan todo el lado derecho del intestino grueso, un 30% del total y por anastomosis te lo cosen al delgado-. Suena tan tan simple, parece un copy paste. Pero es mi cuerpo, che. Un poco pienso - ¿Qué hago hoy acá, y si me voy a un museo de la Isla de los Museos? Hay varios que me faltan.-. - Su caso es un caso muy raro, Sra. Villar-. -Sí, ya sé - agrego yo y me digo- ¿eso es bueno o mal0? Soy 1 en 1 millón. Qué especial.Yo soy esa una así que la experiencia de los otros 999.999 no me dice mucho.
La habitación es linda y soleada. La ventana da a muchos árboles y se escuchan los pajaritos.
Almorzamos en las mesitas del restaurante de enfrente. Wienerschnitzel mit Pommes Frites (mila con fritas) y con unas ganas. La última comida antes de un menú de Gotas de Suero a la Suero con plato principal de Suero con Sodio y Potasio y de postre Suero con suero. A las 16 hs. empiezan a darme 2/3 litros del preparado para vaciar las tripas. ¡Puaj! Encima es transparente qué tramposo. Podría ser agua y uno se confía y ese sabor. Debería ser gris con grumos. Sabe a eso. El primer litro bajó, el segundo costó algunas arcadas, el tercero fue pasando de un trago de juego al principio y otro al final a uno y uno. Así hasta las 12 de la noche, con visitas inmediatas al baño. Por suerte, llegó Cacho en la mitad del procedimiento y trajo relatos y regalos que distrajeron. Ya está la comunidad de la operación Berlín: Laura, Cacho y Matías acá. María allá con Nura, Tini, Vicky, Alicia, la familia, los primos, los amigos, todos. Los siento conectados y están conmigo. Lo lindo de esta experiencia es el amor.

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