sábado, 25 de abril de 2009

Día D - La operación

Pude dormir bastante bien, esta habilidad no la pierdo tan facilmente. Me duché, me lavé bien el pelo - recordemos la necesidad del cuerpo limpio y presentable frente a la mente anestesiada e inconsciente- y me afeité toda la panza. Nada debía interponerse entre el bisturí y yo. Me saqué los anillos, la alianza - contra mi voluntad, claro - y demás bijou. Me puse la bata (enorme, para cuerpos alemanes, nada que ver con el mío y menos ahora). Lista.
Vino la troupe temprano charlamos del dengue, de los Kirchner, del aeropuerto, de los panes alemanes, de Berlín, de María, de Buenos Aires, de la muerte de Alfonsín. Suerte que Cacho trajo los temas para ponernos al día. Con tal de distraerse, cualquier tema viene bien.
Me senté al lado de la ventana abierta para que me acariciara el sol. Me imaginé que me estaba entrando la energía bien adentro, para estar fuerte e iluminada. Con el necessaire cerca, hice todo lo que estaba a mi alcance para poder distraerme. Uf, esta espera. Como si fuera poco, encima de tener que ser cortado en la mitad, hay que tener la paciencia para esperar y esperar que esto suceda. Cada vez que se abría la puerta - y en los hospitales las entradas son incontables, para limpiar, para pedir la comida del acompañante para preguntar, para sacar, para poner, cada vez que un ruido exterior interrumpía nuestra charla o nuestros silencios, el corazón salticaba alerta y bombeaba más sangre para poder escapar del peligro. Por un lado, el instinto nos prepara para correr; dale, rápido, nada de tajos y heridas; por el otro, no, hay que quedarse, esto es para bien, es "profiláctico", "preventivo", "electivo". No sé si al corazón lo convenzan estas palabras, quizás sí "profiláctico", puede tener que ver un poco más con el amor, o, al menos, con la promesa o la ilusión del amor.
A mí me tocaba en tercer lugar y eso significada al mediodía.
Cuando vino la enfermera con la media pastillita pre-anestesia ya sabíamos. Ahora sí. Al rato volvío. -Chau, chau, nos vemos en un rato-. (¿Cuánto es un rato cuando uno está totalmente en el limbo? Un rato) y directamente con la cama al quirófano que queda a la "vuelta de la esquina" de mi habitación, la 459.
Ahora sola, pensando en el mar, en girasoles, en una luz blanca que me protege, en Mati, en mamá, papá y María. Me entran al quirófano - decir que "entro" en primera persona implica más voluntad y voz activa de la que hubo - y hablo con la anestesista y los técnicos. Me hacen chistes, me tratan bien. Me ponen el cateter para la peridural de después. Me pasan como en un cuento de ciencia ficción de la cama a la mesa de quirófano, todo automáticamente. -Vas a sentir que te caes al vacío pero no pasa nada-. -Sí, a vos no te pasa nada-, pienso yo. La anestesista, una mujer joven, muy linda y cariñosa, de ojos muy celestes me cuenta que tiene una hija de 8 años y que yo parezco tan chiquita como ella. Le dijgo que tengo 30. Me dice que me elija un lindo sueño.
Sueño que paseo con Laura por el bosque.
Me despierto en la "Sala de despertarse". En seguida recuerdo todo. Estoy demasiado despierta. Pregunto la hora. Son las 15:45 hs. Me miro la cicatriz, la venda, en realidad,no se ve nada. Pienso: - Ah, no es tan grande -. Estoy enchufada por todos lados.
Me llevan a la terapia intensiva y al rato entran los tres con batas verdes. Me alegro de verlos, se alegran de verme. De repente, pip, pip, pip. El monitor dice que el corazón late a mil. Se lo dice a ellos, yo lo siento adentro. Caras de preocupación y ese ruido tan molesto. No, no es nada, son sólo los dolores que empiezan a aparecer y la emoción de verlos. No entiendo todavía por qué estoy tan despierta. Traen la bomba de el epidural. Tengo un botoncito; cada vez que siento dolor, puedo apretarlo. Lo llaman "bonus". Se me duermen las piernas, es parte de la historia. Hay que ajustar la dosis. Les piden a los tres que entren de a uno, que es demasiado. Me cuentan que el cirujano, mi médico chino en Alemania, el Dr. Chen, dijo que salió todo bien, sin problemas. Que duró una hora, que está muy contento. Mati me dice palabras de amor, Laura que piense en cosas lindas y Cacho dice "extraordinario" y se van juntitos.

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