jueves, 18 de junio de 2009

Las cuatro estaciones en cuatro meses - Presentación en sociedad

Hace un par de días caímos en la cuenta: viví las cuatro estaciones entre enero y mayo de este año. Verano acá antes de partir, con bikini y pileta de lona, invierno para la llegada - qué frío, viento y nieve -, primavera en el intermezzo y la última operación, otoño al regreso para la recuperación en casa. Esto habla de la intensidad del asunto, al menos la ilustra metafóricamente. Pasé por todos los estados, en tan corto tiempo y con tanta dosis de realidad. Así quedé, cansada y un poco dada vuelta.
Ya hace un poco más de dos semanas que llegamos a nuestro hogar. Acá todo es más facil. Por empezar, estamos toda la familia junta en el mismo continente y eso ya es mucho. Acá también está mi gente, que al fin me ve y es parte de todo lo que pasó, sin tantas fantasías, dudas o miedos. Acá estoy, un poco más flaca, con un par de cicatrices en la panza pero acá estoy y bastante bien. Con todos ustedes alrededor es más sencillo y por eso: ¡vengan cuando quieran! Todos me preguntan si tengo ganas, si me siento animada, si quiero visitas. En general, sí, me hace bien. Me entero de las novedades y me distraigo. Salvo algunos ratos de molestia y cansancio - o un poco de mal humor - me la estoy bancando bien. El hermoso invierno que tenemos ayuda mucho también (todo es un lío, pero nuestro clima hay que valorarlo, sí señor, sube el ánimo como sea) y la rica y conocida comida también. De a poco uno vuelve a los hábitos, retoma los que puede y deja ir los que no puede. Hoy, por ejemplo, me inunda una profunda tristeza por la muerte repentina de Fernando Peña. Lo escucho hace 10 años (¿gracias a Cacho?), en el horario y en la radio que esté, inclusive cuando estaba Milagritos con Lalo, leí el primer reportaje que dio a la revista Planeta Urbano cuando explicó que él era todas las criaturas, fui con mi hermana a la primera y única fiesta que organizaron los oyentes del primer Parquímetro - cuando éramos muy pocos - y lo saludamos a FP con mucho cariño que él reconoció y al que respondió. Llorar por una persona que es parte de la vida cotidiana hace 10 años pero que uno no frecuenta en carne y hueso no deja de ser peculiar. Pero es triste y me ayuda a entender que hay que vivir la vida con intensidad y humor, aprovechar y pasarla bien. Que se haya muerto de cáncer, por supuesto, me sensibiliza enormemente pero también pienso en todo lo que se bancó y cómo la peleó. Siempre pensé que Fernando Peña era invencible, que podía con todo. Tiendo a creer que "querer es poder". Esta actitud me ayudó a pasar estos meses. Quizás ahora toque también aprender que la vida tiene sus propios juegos y, más vale, entregársele y jugarlos.