¡Ufa, qué mal humor! Me desperté del peor. A las 6, claro.
A las 8 me levanté y cuando sali del baño ya estaba Cacho esperándome en la mesita. ¡Sorpresa! Trajeron el desayuno que lo terminé todo todito. Visita al baño, sin éxito.
Paseo por el jardín pero con mufa. Caracú y sin hablar. Pobre, Cacho. Hay que empezar a organizar pasajes, fechas, trámites de residencia. No tengo la cabeza para todo eso, lo mío son preocupaciones tanto más corporales.
Vamos para la habitación y Cacho se va al Registro de las personas a hacer mi cambio de domicilio.
Sola y tranquila... ¡Tuve éxito! Ya estamos listos para irnos, ahora está todo completo, listo.
Viene Laura, al rato viene Matías. Hacemos un poco de todos nuestros pasatiempos: charlamos, leemos, tejemos. ¡Terminé mi bufandita, lista para irme! Cada vez más cosas listas. También mi "Rosa de Jericho" está abierta y florecida. Esta "flor" me la regaló mi amiga Irene acá en Berlín en el mercado de pulgas. Es una flor del desierto que puede sobrevivir sin agua durante años. Es como si fuera un ovillo de ramas secas, todas amarillentas. Si uno la pone en agua, a las horas empieza a abrirse y se pone verde, como una estrella. Dicen que tiene poderes curativos, que en la Edad Media la traían de Oriente, que su agua se puede beber o se puenden hacer compresas con ella y que, durante los partos, se les ponía agua cuando empezaban las contracciones y que, cuando se abría, el bebé nacía. El recién nacido la recibía como regalo y bendición y se heredaba de generación en generación. También ella me acompañó durante la recuperación, fuimos floreciendo juntas.
El almuerzo, por suerte, sí tenía más pinta de hospital: sopita de pollo. Lástima tanto perejil.
La tarde transcurrió con tranquilidad, los acompañé a Laura y Matías a la confitería, nos visitó en la mesa el Dr. Lorenz mi médico de referencia, o algo así, el que me explicó y me ayudó a decidirme. Compramos una revista de alto contenido cultural como los nuevos peinados de esta temporada o cómo no dejar ir el amor en la pareja. Estos días tengo que estar preparada para tener mucha paciencia y este tipo de revista ayuda para eso.
Me perdí la visita de mi médico por estar en el baño pero se rumorea que mañana me voy. ¡Sí! Al menos voy a compartir una noche con Cacho y Matías en el departamente, la mansión, como le dice Cacho.
Siguió el torneo de Kanasta, lamentablemente con límite de horario porque Laura se puso estricta. Jugamos una mano más allá de las 9 de la noche a pedido mío y la arruiné. Viene tan, tan peleado esto pero yo estoy medio boba y me olvido temas importantes a mitad de camino. La cabecita también tiene que recuperarse de todos estos días.
miércoles, 29 de abril de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
Día 7 - La creación de un nuevo mundo
Siete son los colores del arco iris, siete los pecados capitales. En siete días Dios creó el mundo. Tres más cuatro igual siete, el número divino más el número terrenal.
En esto estamos, sumando y juntando la fuerza creadora y renovadora con el cuerpo que tiene que encontrar sus nuevas maneras y caminos, concretamente, visceralmente.
Hoy me toca volver a comer, a que mi cuerpo vuelva a hacer el recorrido completo.
Me desperté puntualmente a las 6. Tengo un reloj interno "pünktlich" a las 6 de la mañana. Hoy parece que no sale playa, hoy está nubladito.
Desayunamos con Matías en la mesita al lado de la ventana. La persona encargada de la comida - acá no es especialmente tarea de las enfermeras - entró con el carrito y dijo "Room-service". Creo que somos la habitación con más onda del hospital. Leemos el diario y yo sigo atentamente la Gripe Porcina. Ya tengo pensado pedir regalados un par de barbijos. Al menos, para el aeropuerto. Cacho y Matías ya están por volverse. Uf, ¿qué operación preventiva habrá para la Gripe Porcina? ¿Una operación de nariz? Así, de paso, una estética.
El desayuno consistió en dos rebajandas de pan blanco con margarina y mermelada a gusto. Las comí con ganas, luego una modorra como para siesta. La sopa de leche quedó. Estuvimos un rato los cuatro y decidimos hacer una excursión por el jadín. Por suerte, se despejó. Otro día veraniego. Los berlineses no pueden creerlo, dicen que muchas veces nieva en abril. ¿No lo digo yo? ¡Suerte en la desgracia! El jardín realmente es muy lindo, agarramos uno de los caminos y, de repente, vimos una ardillita subiendo por un árbol. Logramos atraerla hacia nosotros- cosa que las ardillas nunca hacen, siempre escapan como locas - y para qué... Creerán que yo le pongo humor a esto para pasarla lo mejor posible, pero no crean, reirme es una de las cosas que más me duele (junto con toser y estornudar, algo que me pasó hoy por primera vez. ¡Ay!) y no podíamos parar de reírnos. La ardillita que, suponemos bebé e inexperta, nos eligió como familia. A Laura se le subió a la pierna, a Cacho lo seguía por todos lados. Cuando nos sentamos todos en la reposera ella se echó a un costado y descansó con nosotros. Cuando retomamos la marcha ella lo hizo también. Las demás personas del jardín no lo podían creer, sacaban fotos con el celular, decían que nunca habían visto algo así. Y no es que ella se distrajera con los otros seres humanos, sólo nos seguía a nosotros. Difícil fue cuando tuvimos que volver a entrar al pasillo del hospital. Acá las puertas se cierran y se abren solas así que hubo que poner en práctica un plan de coordinación, que, lamentablemente, implicó una patadita para que no nos siguiera por el piso. Ya somos una familia medio rara acá, lo que falta es que tengamos una ardilla como mascota en la habitación. Ésta es, entonces, nuestra historia con la ardillita.
El almuerzo fue un menú completo. No estamos del todo de acuerdo con lo que proponen como "comida base", uno mismo tiene que ser selectivo, por ejemplo, comí el filet y el arroz pero no los zucchini con salsa de tomate. El postrecito era un queso-crema tipo cheesecake sin cake. Quedé pipona pipona. Vamos a ver cómo lo digerimos... Matías y Cacho se fueron y al final, de tan despejado, pudimos hacer Playa Grunewald. Como ya terminé mis libros estoy intenando terminar La montaña mágica que estoy leyendo hace un poco más de 10 años. Me faltan 200 páginas de 1000 y Hans y yo no podríamos estar más en sintonía: los dos internados, contando las líneas de fiebre, haciendo pequeñas actvidades entre comidas. Sobre todo, dejando pasar el tiempo. Quizás debería pasarme a En busca del tiempo perdido aunque no creo que me dé el tiempo. Los doctores hoy me dijeron que para fines de esta semana, esto es, el viernes. Me darían el alta. Sólo falta seguir una de las leyes naturales: "todo lo que entra tiene que salir". Todo depende un poco de eso. El día a día en estos casos a veces se reduce a cosas elementales. Ah, y nada de Playa Grunewald. La enfermera justo me tomó la temperatura en el solarium de mi habitación y 37.7 C no va. El médico también rezongó, que el sol no le hace bien a la herida, que bla, bla, bla. Che, tampoco es que estoy e bikini, sólo con la ventana de par en par, con la remera puesta y el vendaje. Tampoco soy una loca.
Dormité un rato porque últimamente la siesta no me sale. A las 5 Laura me instó a salir de la cama para evitar trastornos de horario, menos hoy que es la primera noche sin acompañante. Como me siento relativamente bien y esto es bastante caro - con room-service incluido - decidimos que puedo enfrentar las noches solita. Hice mi caminata vespertina por el pasillo con Matías. Medio de mal humor, un poco por los graditos de temperatura y otro poco porque el plan de evacuación todavía no se puso en práctica. Nada que un partido de canasta no pueda aliviar. Después del Abendbrot (el pan de la noche) nos pusimos en marcha para el segundo partido de "familia de sangre" contra "políticos" (padre e hija contra suegra y yerno) y por un error mío en la anteúltima mano no lo finiquitamos. Así nos terminaron ganando Matías y Laura. Como es el mejor de tres hoy nos queda la revancha. Después de las inyeciones, las gotitas y el termómetro (todo bien, bajó a 37.1) a las 22 hs. terminó la noche. Matías se quedó conmigo hasta que me durmiera - y tuvimos que mirar como tres capítulos - y yo le decía "No te vayas..." porque no me podía dormir pero ya a eso de las 12.30 hs. lo dejé ir. En algún momento, no sé cómo ni cuándo, me quedé dormida.
En esto estamos, sumando y juntando la fuerza creadora y renovadora con el cuerpo que tiene que encontrar sus nuevas maneras y caminos, concretamente, visceralmente.
Hoy me toca volver a comer, a que mi cuerpo vuelva a hacer el recorrido completo.
Me desperté puntualmente a las 6. Tengo un reloj interno "pünktlich" a las 6 de la mañana. Hoy parece que no sale playa, hoy está nubladito.
Desayunamos con Matías en la mesita al lado de la ventana. La persona encargada de la comida - acá no es especialmente tarea de las enfermeras - entró con el carrito y dijo "Room-service". Creo que somos la habitación con más onda del hospital. Leemos el diario y yo sigo atentamente la Gripe Porcina. Ya tengo pensado pedir regalados un par de barbijos. Al menos, para el aeropuerto. Cacho y Matías ya están por volverse. Uf, ¿qué operación preventiva habrá para la Gripe Porcina? ¿Una operación de nariz? Así, de paso, una estética.
El desayuno consistió en dos rebajandas de pan blanco con margarina y mermelada a gusto. Las comí con ganas, luego una modorra como para siesta. La sopa de leche quedó. Estuvimos un rato los cuatro y decidimos hacer una excursión por el jadín. Por suerte, se despejó. Otro día veraniego. Los berlineses no pueden creerlo, dicen que muchas veces nieva en abril. ¿No lo digo yo? ¡Suerte en la desgracia! El jardín realmente es muy lindo, agarramos uno de los caminos y, de repente, vimos una ardillita subiendo por un árbol. Logramos atraerla hacia nosotros- cosa que las ardillas nunca hacen, siempre escapan como locas - y para qué... Creerán que yo le pongo humor a esto para pasarla lo mejor posible, pero no crean, reirme es una de las cosas que más me duele (junto con toser y estornudar, algo que me pasó hoy por primera vez. ¡Ay!) y no podíamos parar de reírnos. La ardillita que, suponemos bebé e inexperta, nos eligió como familia. A Laura se le subió a la pierna, a Cacho lo seguía por todos lados. Cuando nos sentamos todos en la reposera ella se echó a un costado y descansó con nosotros. Cuando retomamos la marcha ella lo hizo también. Las demás personas del jardín no lo podían creer, sacaban fotos con el celular, decían que nunca habían visto algo así. Y no es que ella se distrajera con los otros seres humanos, sólo nos seguía a nosotros. Difícil fue cuando tuvimos que volver a entrar al pasillo del hospital. Acá las puertas se cierran y se abren solas así que hubo que poner en práctica un plan de coordinación, que, lamentablemente, implicó una patadita para que no nos siguiera por el piso. Ya somos una familia medio rara acá, lo que falta es que tengamos una ardilla como mascota en la habitación. Ésta es, entonces, nuestra historia con la ardillita.
El almuerzo fue un menú completo. No estamos del todo de acuerdo con lo que proponen como "comida base", uno mismo tiene que ser selectivo, por ejemplo, comí el filet y el arroz pero no los zucchini con salsa de tomate. El postrecito era un queso-crema tipo cheesecake sin cake. Quedé pipona pipona. Vamos a ver cómo lo digerimos... Matías y Cacho se fueron y al final, de tan despejado, pudimos hacer Playa Grunewald. Como ya terminé mis libros estoy intenando terminar La montaña mágica que estoy leyendo hace un poco más de 10 años. Me faltan 200 páginas de 1000 y Hans y yo no podríamos estar más en sintonía: los dos internados, contando las líneas de fiebre, haciendo pequeñas actvidades entre comidas. Sobre todo, dejando pasar el tiempo. Quizás debería pasarme a En busca del tiempo perdido aunque no creo que me dé el tiempo. Los doctores hoy me dijeron que para fines de esta semana, esto es, el viernes. Me darían el alta. Sólo falta seguir una de las leyes naturales: "todo lo que entra tiene que salir". Todo depende un poco de eso. El día a día en estos casos a veces se reduce a cosas elementales. Ah, y nada de Playa Grunewald. La enfermera justo me tomó la temperatura en el solarium de mi habitación y 37.7 C no va. El médico también rezongó, que el sol no le hace bien a la herida, que bla, bla, bla. Che, tampoco es que estoy e bikini, sólo con la ventana de par en par, con la remera puesta y el vendaje. Tampoco soy una loca.
Dormité un rato porque últimamente la siesta no me sale. A las 5 Laura me instó a salir de la cama para evitar trastornos de horario, menos hoy que es la primera noche sin acompañante. Como me siento relativamente bien y esto es bastante caro - con room-service incluido - decidimos que puedo enfrentar las noches solita. Hice mi caminata vespertina por el pasillo con Matías. Medio de mal humor, un poco por los graditos de temperatura y otro poco porque el plan de evacuación todavía no se puso en práctica. Nada que un partido de canasta no pueda aliviar. Después del Abendbrot (el pan de la noche) nos pusimos en marcha para el segundo partido de "familia de sangre" contra "políticos" (padre e hija contra suegra y yerno) y por un error mío en la anteúltima mano no lo finiquitamos. Así nos terminaron ganando Matías y Laura. Como es el mejor de tres hoy nos queda la revancha. Después de las inyeciones, las gotitas y el termómetro (todo bien, bajó a 37.1) a las 22 hs. terminó la noche. Matías se quedó conmigo hasta que me durmiera - y tuvimos que mirar como tres capítulos - y yo le decía "No te vayas..." porque no me podía dormir pero ya a eso de las 12.30 hs. lo dejé ir. En algún momento, no sé cómo ni cuándo, me quedé dormida.
Etiquetas:
la historia de la ardillita,
Primer almuerzo
domingo, 26 de abril de 2009
Día 6 - Primera semana de internación: puré y jardín
Hoy me desperté un poco antes de las 6. Ya era de día, de día despejado y soleado. Medio temprano, pero lo bueno es que dormí sin interrupciones. No vinieron a ponerme las botellitas de las 12 ni de las 3 am. Es cierto que tengo un poco más de dolor al no estar enchufada todo el tiempo - ahora pasamos a las gotitas de presentación oral - pero es bueno ir destetando de a poco. El dolor es soportable y mientras no me obstaculice el movimiento, lo bancamos. Para lo que sí tengo que concentrarme es para tomar mucho líquido. Como estuve 5 días enganchada al suero y desde ayer no más, tengo que mantenerme hidratada por mi cuenta. Nunca fui una buena tomadora de líquidos, menos ahora que ir al baño es todo un esfuerzo. Ya les pedí a las personas acompañantes que me hinchen un poco y lo hacen muy bien.
Las primeras horas de la mañana, cuando el hospital todavía duerme las aprovecho para leer y escribir. Ya terminé el libro que empecé a leer acá hace un par de semanas: Una mujer en Berlín. Es el diario de una mujer de treinta los primeros dos meses después de la finalización de la segunda guerra. Claro que es terrible pero es para compartir las ganas de superar obstáculos y esperar el nuevo día. También leí un librito que escribió la abuela de mi amiga Yael sobre estadía clandestina en Berlín trabajando como ama de llaves, siendo judía, para un matrimonio alemán. Parece que aprovecho para darle a Berlín todas las vueltas. Claro que en los ratos de más distracción leo las Maitenas, Mafaldas y libros con mucha imagen y poca letra (el de los perros llamado DOGma, por ejemplo) que me mandaron familia y amigos. Todo esto es hasta las 7.30 - 8.00 hs., cuando empieza la actividad total. Por ejemplo, hoy: temperatura 36.9, peso (en una balanza-silla) 44.2 kg., pulso 60.
De desayuno me tocó esa sopa de leche, hoy en la variedad que menos me gusta. Comí lo que pude. El yoghurt sí que siempre es mi amigo.
Al mediodía sopa y ¡puré! Primera comida semi-sólida.
Después hubo "un paseo por el parque". Hay un Garten muy lindo acá en el hospital. Todo diseñadito, con plantas y flores, con caminitos. Bancos, sillas y reposeras. Fue un día realmente de verano. Los pacientes se sientan, toman sol, miran y descansan.
Volvimos al cuarto, Cacho se fue a trabajar, al rato Matías también. Laura y yo armamos "Playa Grunewald" en la ventana y a leer y tomar sol. Sólo faltan los anteojos de sol... pero no da. Fuimos interrumpidas con sorpresa por el matrimonio Kupfer, una señora de 80 años con la que compartí el cuarto la vez pasada, que me regalaba bombones y ositos de peluche. También le tocaba operarse nuevamente así que coincidimos. Me hizo flor de fiesta. Y tan encantada con Matías que me cuidaba tanto esa semana que yo tenía fiebre y dormía. Intercambiamos direcciones para escribirnos, cartas, claro. Su marido fue diplomático y vivieron 5 años en Indonesia, eso los hace más curiosos, me parece.
Así pasó la tarde y a las 17.44 hs. nos sirvieron la cena. En mi plato, tapada con una campana azul había ¡una rodaja de pan blanco! Esto sí que es comida sólida. El médico ya indicó para mañana "Basiskost" (cómida básica). Está muy contento, dice que todo va fantástico, que en cualquier momento me dan de alta. Hoy me sacaron sangre y vamos a ver qué nos dice eso.
A eso de las 7 y algo llegaron Cacho y Matías. Hoy es Padre-Hija contra Suegra-Yerno. Ganamos nosotros, peleadísimo. Laura y Matías igual estuvieron muy colaboradores sabiendo que la relación de suegridad hay que mantenerla en paz, armonía y con un halo de misterio. Entre padres e hijos ya está todo medio dicho.
A las 10 terminó nuestra noche. Las enfermeras se ríen cuando entran tipo 9 a darme la inyección antitrombótica, las gotitas y medir la fiebre. Esto parece un salón de timba.
Las primeras horas de la mañana, cuando el hospital todavía duerme las aprovecho para leer y escribir. Ya terminé el libro que empecé a leer acá hace un par de semanas: Una mujer en Berlín. Es el diario de una mujer de treinta los primeros dos meses después de la finalización de la segunda guerra. Claro que es terrible pero es para compartir las ganas de superar obstáculos y esperar el nuevo día. También leí un librito que escribió la abuela de mi amiga Yael sobre estadía clandestina en Berlín trabajando como ama de llaves, siendo judía, para un matrimonio alemán. Parece que aprovecho para darle a Berlín todas las vueltas. Claro que en los ratos de más distracción leo las Maitenas, Mafaldas y libros con mucha imagen y poca letra (el de los perros llamado DOGma, por ejemplo) que me mandaron familia y amigos. Todo esto es hasta las 7.30 - 8.00 hs., cuando empieza la actividad total. Por ejemplo, hoy: temperatura 36.9, peso (en una balanza-silla) 44.2 kg., pulso 60.
De desayuno me tocó esa sopa de leche, hoy en la variedad que menos me gusta. Comí lo que pude. El yoghurt sí que siempre es mi amigo.
Al mediodía sopa y ¡puré! Primera comida semi-sólida.
Después hubo "un paseo por el parque". Hay un Garten muy lindo acá en el hospital. Todo diseñadito, con plantas y flores, con caminitos. Bancos, sillas y reposeras. Fue un día realmente de verano. Los pacientes se sientan, toman sol, miran y descansan.
Volvimos al cuarto, Cacho se fue a trabajar, al rato Matías también. Laura y yo armamos "Playa Grunewald" en la ventana y a leer y tomar sol. Sólo faltan los anteojos de sol... pero no da. Fuimos interrumpidas con sorpresa por el matrimonio Kupfer, una señora de 80 años con la que compartí el cuarto la vez pasada, que me regalaba bombones y ositos de peluche. También le tocaba operarse nuevamente así que coincidimos. Me hizo flor de fiesta. Y tan encantada con Matías que me cuidaba tanto esa semana que yo tenía fiebre y dormía. Intercambiamos direcciones para escribirnos, cartas, claro. Su marido fue diplomático y vivieron 5 años en Indonesia, eso los hace más curiosos, me parece.
Así pasó la tarde y a las 17.44 hs. nos sirvieron la cena. En mi plato, tapada con una campana azul había ¡una rodaja de pan blanco! Esto sí que es comida sólida. El médico ya indicó para mañana "Basiskost" (cómida básica). Está muy contento, dice que todo va fantástico, que en cualquier momento me dan de alta. Hoy me sacaron sangre y vamos a ver qué nos dice eso.
A eso de las 7 y algo llegaron Cacho y Matías. Hoy es Padre-Hija contra Suegra-Yerno. Ganamos nosotros, peleadísimo. Laura y Matías igual estuvieron muy colaboradores sabiendo que la relación de suegridad hay que mantenerla en paz, armonía y con un halo de misterio. Entre padres e hijos ya está todo medio dicho.
A las 10 terminó nuestra noche. Las enfermeras se ríen cuando entran tipo 9 a darme la inyección antitrombótica, las gotitas y medir la fiebre. Esto parece un salón de timba.
Etiquetas:
balanza,
caminata por el jardín,
semi-sólido
Día 5 - Pasamos el día de las complicaciones primarias
¡Yupi! Superado un paso más, fuera la posibilidad de complicaciones primarias.
De desayuno me tocaba la primera comida: "Milchsuppe", sopa de leche. Ya conozco los menúes acá y, en general, viene con sabor a vainilla. No, chicos, no estaba para sabor a chocolate así que me la cambiaron por un yoghurt de durazno. ¡El primer yoghurt! Además de las tostaditas Kanalen, claro.
"El que bien come y bien bebe, bien hace lo que debe" como dice Laura que decía el abuelo Omar. En eso estamos.
Después del mediodía gran novedad gran: ¡No tengo más el suero - con su perteneciente poste - ni el drenaje! Soy una mujer libre. Para festejarlo, caminamos ida y vuelta el pasillo dos veces, cada una de 100 m.
Sentada la mayor parte de la tarde en la poltrona al lado de la ventana. Hoy no hay tanto sol así que no se armó la"Grunewald beach", como la llama Laura, la playa de Grunewald (barrio donde se encuentra el hospital, la traducción literal sería algo así como "Bosque verde") pero sí, cual Penélope, tejí, a la espera de nuevos tejidos y cicatrizaciones. Todo es cuestión de tiempo y paciencia. Miramos en la computadora la serie que incorporamos como rutina Laura, Matías y yo "How I met your mother" o "Cómo conocí a tu madre". Es un nuevo hábito y sólo vale mirarla los tres juntos. Intenté una siesta pero sin éxito. Nuevamente al sillón - obedezco las órdenes de estar lo menos acostada posible - y al rato llegó Cacho, hoy un poco más callado. Hasta ahora, fue el que nos traía temas de conversación y debate, el que nos comentaba diarios y noticias. Y lo bien que hace ahora que no estoy tan charlatana y necesito distracción. Como estaba programado, jugamos la gran final. Ganó el Matrimonio Senior. Estuvo muy peleado. Yo adjudico la victoria a que nos llevan 31 años de casados.
Misma rutina, me quedo con Cacho, Matías y Laura van a buscar la comida al restaurante de enfrente, que siempre está a punto de cerrar a esa hora, y a eso de las 10 Laura y Cacho se van. Matías se acomoda la mesita al lado de mi cama y mientras come pasta miramos la serie "Wonderfalls". Yo me quedo dormida, fantástica señal, estoy volviendo medianamente a la normalidad...
De desayuno me tocaba la primera comida: "Milchsuppe", sopa de leche. Ya conozco los menúes acá y, en general, viene con sabor a vainilla. No, chicos, no estaba para sabor a chocolate así que me la cambiaron por un yoghurt de durazno. ¡El primer yoghurt! Además de las tostaditas Kanalen, claro.
"El que bien come y bien bebe, bien hace lo que debe" como dice Laura que decía el abuelo Omar. En eso estamos.
Después del mediodía gran novedad gran: ¡No tengo más el suero - con su perteneciente poste - ni el drenaje! Soy una mujer libre. Para festejarlo, caminamos ida y vuelta el pasillo dos veces, cada una de 100 m.
Sentada la mayor parte de la tarde en la poltrona al lado de la ventana. Hoy no hay tanto sol así que no se armó la"Grunewald beach", como la llama Laura, la playa de Grunewald (barrio donde se encuentra el hospital, la traducción literal sería algo así como "Bosque verde") pero sí, cual Penélope, tejí, a la espera de nuevos tejidos y cicatrizaciones. Todo es cuestión de tiempo y paciencia. Miramos en la computadora la serie que incorporamos como rutina Laura, Matías y yo "How I met your mother" o "Cómo conocí a tu madre". Es un nuevo hábito y sólo vale mirarla los tres juntos. Intenté una siesta pero sin éxito. Nuevamente al sillón - obedezco las órdenes de estar lo menos acostada posible - y al rato llegó Cacho, hoy un poco más callado. Hasta ahora, fue el que nos traía temas de conversación y debate, el que nos comentaba diarios y noticias. Y lo bien que hace ahora que no estoy tan charlatana y necesito distracción. Como estaba programado, jugamos la gran final. Ganó el Matrimonio Senior. Estuvo muy peleado. Yo adjudico la victoria a que nos llevan 31 años de casados.
Misma rutina, me quedo con Cacho, Matías y Laura van a buscar la comida al restaurante de enfrente, que siempre está a punto de cerrar a esa hora, y a eso de las 10 Laura y Cacho se van. Matías se acomoda la mesita al lado de mi cama y mientras come pasta miramos la serie "Wonderfalls". Yo me quedo dormida, fantástica señal, estoy volviendo medianamente a la normalidad...
Día 4 - Primeros bocados
Bueno, no ha sido la mejor noche de todas.
Me desperté con el corazón a mil y toda transpirada. Me asusté y le dije a Mati: - Me siento rara-. - ¿Rara, cómo?- dijo él. -Rara-, llamá a la enfermera. Ella vino y midió un poco todo. Estaba acelerada pero le pareció que había sido una pesadilla, aunque yo no me hubiera percatado. OK, trato de seguir durmiendo, entonces. Con todo lo que me costó y pum, segunda pesadilla. Me despierta Mati, al menos soy consciente de que soñé algo. Quería gritar y no podía, estaba todo oscuro, estaba María. Mati me dijo: -¿Querés que prenda la luz?-. -Sí, le dije - era justo lo que estaba pidiendo en el sueño. Otra vez el esfuerzo por dormirse. No fue facil.
A la mañana todo empieza antes de las 7. Limpian, llega el desayuno, me miden, ponen, sacan. todo el primer rato es mi momento favorito: hay luz, hay paz, un nuevo día superado.
Hice mi rutina de gimnasia: caminar por el pasillo hasta la ventana y volver.
Largo rato en el sillón. El intestino dio sus muestras de actividad, algo ansioso, no supo esperar. Era previsible que iba a pasar así, aunque todos están más bien contentos porque significa que funciona.
Gran aconteimiento gran: de almuerzo hubo dos tostadas Kanalen. Parecía un asado. Qué modorra.
De tanta emoción - aunque estaba muy cansada - no pude dormir la siesta. Para eso, mi poltrona se transformó en reposera, la pusimos mirando a lla ventana, me quedé en musculosa, remangué las calzas y me puse a tomar sol. Soy la única persona que sale bronceada de un hospital
Toda la tarde con Laura; Matías y Cacho se fueron a trabajar (cazar) al mundo exterior. Habíamos planeado la revacha de la Gran Noche de Canasta así que los citamos para las 18 hs. Un poco más tarde vinieron, listos para el superclásico. Ganamos Matías y yo, por suerte. No los hicimos pelota pero ganamos. Como es a 2 de 3 nos falta la final. Y como si esto fuera poco, en mi anterior estadía en el hospital me engaché con el programa de los cantantes, como le decimos acá y escuchamos a los cuatro finalistas cantar por un puesto de superestrella.
Mati se buscó su milaga con fritas enfrente a las 10 de la noche (cuando acá se come a las 6) y Cacho y Laura se fueron. Miramos una serie y a dormir.
Me desperté con el corazón a mil y toda transpirada. Me asusté y le dije a Mati: - Me siento rara-. - ¿Rara, cómo?- dijo él. -Rara-, llamá a la enfermera. Ella vino y midió un poco todo. Estaba acelerada pero le pareció que había sido una pesadilla, aunque yo no me hubiera percatado. OK, trato de seguir durmiendo, entonces. Con todo lo que me costó y pum, segunda pesadilla. Me despierta Mati, al menos soy consciente de que soñé algo. Quería gritar y no podía, estaba todo oscuro, estaba María. Mati me dijo: -¿Querés que prenda la luz?-. -Sí, le dije - era justo lo que estaba pidiendo en el sueño. Otra vez el esfuerzo por dormirse. No fue facil.
A la mañana todo empieza antes de las 7. Limpian, llega el desayuno, me miden, ponen, sacan. todo el primer rato es mi momento favorito: hay luz, hay paz, un nuevo día superado.
Hice mi rutina de gimnasia: caminar por el pasillo hasta la ventana y volver.
Largo rato en el sillón. El intestino dio sus muestras de actividad, algo ansioso, no supo esperar. Era previsible que iba a pasar así, aunque todos están más bien contentos porque significa que funciona.
Gran aconteimiento gran: de almuerzo hubo dos tostadas Kanalen. Parecía un asado. Qué modorra.
De tanta emoción - aunque estaba muy cansada - no pude dormir la siesta. Para eso, mi poltrona se transformó en reposera, la pusimos mirando a lla ventana, me quedé en musculosa, remangué las calzas y me puse a tomar sol. Soy la única persona que sale bronceada de un hospital
Toda la tarde con Laura; Matías y Cacho se fueron a trabajar (cazar) al mundo exterior. Habíamos planeado la revacha de la Gran Noche de Canasta así que los citamos para las 18 hs. Un poco más tarde vinieron, listos para el superclásico. Ganamos Matías y yo, por suerte. No los hicimos pelota pero ganamos. Como es a 2 de 3 nos falta la final. Y como si esto fuera poco, en mi anterior estadía en el hospital me engaché con el programa de los cantantes, como le decimos acá y escuchamos a los cuatro finalistas cantar por un puesto de superestrella.
Mati se buscó su milaga con fritas enfrente a las 10 de la noche (cuando acá se come a las 6) y Cacho y Laura se fueron. Miramos una serie y a dormir.
Día 3 - Caminante no hay camino, se hace camino al andar
A la mañana, de lo más ajetreada: me paré - un importante esfuerzo -.
Me sacaron el cateter urinario, ahora lista para ir caminando al baño y recuperar ese hábito que fue raro no tener un par de días. Cuando te lo sacan es feo, pero que salga, que todo salga. Quiero un cuerpo desconectado.
En el baño un salón de belleza; además de los dientes y la cara... ¡hoy me lavaron y me secaron el pelo! Linda sensación.
Una vez liberada pude salir a caminar al pasillo. La meta era hasta la próxima ventana. Muy lejos. Con Mati de un lado y el poste del otro. La enfermera me hizo caminar con orgullo, que si no parecía una viejita eclenque.
Un rato sentada en "mi" poltrona, lo más que pude.
La sieste de una hora, no tan larga pero sí muy reconfortante. Me desperté relajada aunque la panza: ¡empezó la actvidad! Me di cuenta de que en los intestinos tengo la línea Mitre-Mitre, Sarmiento, Urquiza, Mitre Tigre y San Martín. O me dejaron adentro un alien. Los médicos dicen que es buenisimo que se mueva, yo me alegro pero siento que ahí adentro pasan cosas raras. Hay gato encerrado - que ronronea, claro - digamos.
Los índices del laboratorio están bien, todos bajan para el lado correcto.
Me cambian la venda de la cicatriz y la veo por primera vez. No es tan terrible, es una luna, con ganchitos de abrochadora muy prolijitos. Nos nos vamos a llevar tan mal me parece.
El médico está muy contento con mi tendencia. Yo le estoy poniendo tooda la ooonda.
Pintamos con mami mandalas. El mío se llama "Inauguracón de las nuevas conexiones".
Tomo té de manzanilla y el mezclum de suero está buenísimo.
Propongo gran Canasta de a cuatro. Matrimonio Senior contra Matrimonio Junior. Nos hacen de goma. Laura y Mati van a hacer compras y me quedo un rato con Cacho charlando de cosas serias.
Se van los padres y queda Mati. Miramos una serie por internet y me cuesta quedarme dormida. Es que, admitámoslo, estoy tan molesta.
Me sacaron el cateter urinario, ahora lista para ir caminando al baño y recuperar ese hábito que fue raro no tener un par de días. Cuando te lo sacan es feo, pero que salga, que todo salga. Quiero un cuerpo desconectado.
En el baño un salón de belleza; además de los dientes y la cara... ¡hoy me lavaron y me secaron el pelo! Linda sensación.
Una vez liberada pude salir a caminar al pasillo. La meta era hasta la próxima ventana. Muy lejos. Con Mati de un lado y el poste del otro. La enfermera me hizo caminar con orgullo, que si no parecía una viejita eclenque.
Un rato sentada en "mi" poltrona, lo más que pude.
La sieste de una hora, no tan larga pero sí muy reconfortante. Me desperté relajada aunque la panza: ¡empezó la actvidad! Me di cuenta de que en los intestinos tengo la línea Mitre-Mitre, Sarmiento, Urquiza, Mitre Tigre y San Martín. O me dejaron adentro un alien. Los médicos dicen que es buenisimo que se mueva, yo me alegro pero siento que ahí adentro pasan cosas raras. Hay gato encerrado - que ronronea, claro - digamos.
Los índices del laboratorio están bien, todos bajan para el lado correcto.
Me cambian la venda de la cicatriz y la veo por primera vez. No es tan terrible, es una luna, con ganchitos de abrochadora muy prolijitos. Nos nos vamos a llevar tan mal me parece.
El médico está muy contento con mi tendencia. Yo le estoy poniendo tooda la ooonda.
Pintamos con mami mandalas. El mío se llama "Inauguracón de las nuevas conexiones".
Tomo té de manzanilla y el mezclum de suero está buenísimo.
Propongo gran Canasta de a cuatro. Matrimonio Senior contra Matrimonio Junior. Nos hacen de goma. Laura y Mati van a hacer compras y me quedo un rato con Cacho charlando de cosas serias.
Se van los padres y queda Mati. Miramos una serie por internet y me cuesta quedarme dormida. Es que, admitámoslo, estoy tan molesta.
sábado, 25 de abril de 2009
Día 2 - Un día más cerca de la recuperación
Me desperté dolorida pero bastante bien. De nuevo me hicieron sentarme en el borde de la cama para ver si lográbamos pararnos. No todavía, dueellleee.
Desayuné suero con suero y me dejan tomar 600 ml de líquido en todo el día. Tomé un té de manzanilla como inauguración. Con azucar. Algo es algo.
En el poste que me acompaña tengo: 2 botellitas de calmantes, una de suero y un protector para el estómago. El de las náuseas hoy me lo sacaron. Uno menos.
Vino de visita el médico y me sugirió enfáticamente que me levantara de la cama, que eso apura el tracto intestinal y nos ahorra la posibilidad de las neumonías, infecciones urinarias, etc. Todos los fluidos del cuerpo humano funcionan mucho mejor en posición horizontal. No por nada somos bipedos, che.
Caminé con mi poste de un lado y agarrado de mi marido del otro, mi poste querido. Caminé ida y vuelta en mi cuarto exactamente 5 minutos, como me sugirió el Dr. Chen.
Quedé agotada.
Me trajeron un sillón denominado por nosotros "el trono". Estuve un rato sentada ahí.
Dormí siesta y tejí.
Decoramos la habitación con todas las obras de arte que me mandaron: dibujos y dibujitos, imágenes, cuadros, tarjetas.
Laura me leyó uno de los cuentos de Ángeles Mastretta.
Muchas actividades.
Mientras Cacho y Matías hacían las compras, Laura me acompañaba con mi programa de TV adquirido en el hospital: "Germany´s next top model". Ahora sé defilar. En un par de semanas voy a poder mostrarlo...
Mati se quedó y dormí bien. Estoy cansada
Desayuné suero con suero y me dejan tomar 600 ml de líquido en todo el día. Tomé un té de manzanilla como inauguración. Con azucar. Algo es algo.
En el poste que me acompaña tengo: 2 botellitas de calmantes, una de suero y un protector para el estómago. El de las náuseas hoy me lo sacaron. Uno menos.
Vino de visita el médico y me sugirió enfáticamente que me levantara de la cama, que eso apura el tracto intestinal y nos ahorra la posibilidad de las neumonías, infecciones urinarias, etc. Todos los fluidos del cuerpo humano funcionan mucho mejor en posición horizontal. No por nada somos bipedos, che.
Caminé con mi poste de un lado y agarrado de mi marido del otro, mi poste querido. Caminé ida y vuelta en mi cuarto exactamente 5 minutos, como me sugirió el Dr. Chen.
Quedé agotada.
Me trajeron un sillón denominado por nosotros "el trono". Estuve un rato sentada ahí.
Dormí siesta y tejí.
Decoramos la habitación con todas las obras de arte que me mandaron: dibujos y dibujitos, imágenes, cuadros, tarjetas.
Laura me leyó uno de los cuentos de Ángeles Mastretta.
Muchas actividades.
Mientras Cacho y Matías hacían las compras, Laura me acompañaba con mi programa de TV adquirido en el hospital: "Germany´s next top model". Ahora sé defilar. En un par de semanas voy a poder mostrarlo...
Mati se quedó y dormí bien. Estoy cansada
Día 1 - El primer día
La noche fue larga y rara.
1. Estuve toda la noche en una terapia intensiva, llena de cables y de pip pip pip.
2. Tuve casi todo el tiempo ambas piernas totalmente entumecidas. El acolchado parecía pesar una tonelada.
3. En mi haber, a saber:
Sonda nasogástrica: 1
Cateter urinario: 1
Sonda intravenosa central en el cuello con varias "canillitas": 1
Cateter en la espalda con bomba de peridural:1
Oxígeno: 1
Drenaje: 1
Total: 6
4. Después de todo el frío que había tenido luego de la operación y todo lo que tuve que tiritar, de repente, a mitad de la noche, olas de calor. Avisé que tenía fiebre. Sí, 38.3. Leucocitos: 14.000. Es normal después de una operación grande, dicen. A seguir durmiendo, a intentar, al menos.
Primera noche sin una parte de intestino, con dolor "raro" y sensación extraña
5. No pude dormir mucho. Entre otras cosas, el peso de las piernas, y que el mundo a mi alrededor parecía sonar por todos laodos.
6. Tenia un aparato agarrado a mi brazo para medir la presión que se prendía solo cada hora y me hacía pegar unos sustos bábaros.
7. Intenté ver una serie por internet con la pequeña computadora. No me interesó nada nada.
Novedades durante el día de hoy:
- Me sentaron en el borde de la cama y me lavaron. Punto favor.
- Con los signos estables pasé de terapia a la habitación común. Gracias a esto me sacaron:
* la sonda nasogástrica - Uf, qué feo cuando te la sacan
* el oxígeno
* me corrieron el cateter de peridural para tener más sensibilidad en las piernas.
Sin embargo, debido a esto, al error humano en el perfecto sistema alemán lo corrierron demasiado y los dolores empezaron a crecer indescriptiblemente. Nadie se había dado cuenta de esto y no presuponían que la recién operada estaba sin calmantes, en bruto. Los dolores fueron insoportables, nunca sentí algo así en mi vida. Suerte que el cuerpo olvida. Así aproximadamente 40 minutos hasta que notaron el problema y los intravenosos causaron su efecto. Llegó el alivio.
La ventaja de este infortunio es que recuperé mis piernas, la desvenaja es que estos calmantes me ponen medio lela. Dormí toda la tarde, interrumpida un poco por arcadas y sus consecuencias. Parece algo esperable cuando te sacan un cacho de intestino.
A la noche se quedó Matías como "persona acompañante". Yo dormí.
1. Estuve toda la noche en una terapia intensiva, llena de cables y de pip pip pip.
2. Tuve casi todo el tiempo ambas piernas totalmente entumecidas. El acolchado parecía pesar una tonelada.
3. En mi haber, a saber:
Sonda nasogástrica: 1
Cateter urinario: 1
Sonda intravenosa central en el cuello con varias "canillitas": 1
Cateter en la espalda con bomba de peridural:1
Oxígeno: 1
Drenaje: 1
Total: 6
4. Después de todo el frío que había tenido luego de la operación y todo lo que tuve que tiritar, de repente, a mitad de la noche, olas de calor. Avisé que tenía fiebre. Sí, 38.3. Leucocitos: 14.000. Es normal después de una operación grande, dicen. A seguir durmiendo, a intentar, al menos.
Primera noche sin una parte de intestino, con dolor "raro" y sensación extraña
5. No pude dormir mucho. Entre otras cosas, el peso de las piernas, y que el mundo a mi alrededor parecía sonar por todos laodos.
6. Tenia un aparato agarrado a mi brazo para medir la presión que se prendía solo cada hora y me hacía pegar unos sustos bábaros.
7. Intenté ver una serie por internet con la pequeña computadora. No me interesó nada nada.
Novedades durante el día de hoy:
- Me sentaron en el borde de la cama y me lavaron. Punto favor.
- Con los signos estables pasé de terapia a la habitación común. Gracias a esto me sacaron:
* la sonda nasogástrica - Uf, qué feo cuando te la sacan
* el oxígeno
* me corrieron el cateter de peridural para tener más sensibilidad en las piernas.
Sin embargo, debido a esto, al error humano en el perfecto sistema alemán lo corrierron demasiado y los dolores empezaron a crecer indescriptiblemente. Nadie se había dado cuenta de esto y no presuponían que la recién operada estaba sin calmantes, en bruto. Los dolores fueron insoportables, nunca sentí algo así en mi vida. Suerte que el cuerpo olvida. Así aproximadamente 40 minutos hasta que notaron el problema y los intravenosos causaron su efecto. Llegó el alivio.
La ventaja de este infortunio es que recuperé mis piernas, la desvenaja es que estos calmantes me ponen medio lela. Dormí toda la tarde, interrumpida un poco por arcadas y sus consecuencias. Parece algo esperable cuando te sacan un cacho de intestino.
A la noche se quedó Matías como "persona acompañante". Yo dormí.
Día D - La operación
Pude dormir bastante bien, esta habilidad no la pierdo tan facilmente. Me duché, me lavé bien el pelo - recordemos la necesidad del cuerpo limpio y presentable frente a la mente anestesiada e inconsciente- y me afeité toda la panza. Nada debía interponerse entre el bisturí y yo. Me saqué los anillos, la alianza - contra mi voluntad, claro - y demás bijou. Me puse la bata (enorme, para cuerpos alemanes, nada que ver con el mío y menos ahora). Lista.
Vino la troupe temprano charlamos del dengue, de los Kirchner, del aeropuerto, de los panes alemanes, de Berlín, de María, de Buenos Aires, de la muerte de Alfonsín. Suerte que Cacho trajo los temas para ponernos al día. Con tal de distraerse, cualquier tema viene bien.
Me senté al lado de la ventana abierta para que me acariciara el sol. Me imaginé que me estaba entrando la energía bien adentro, para estar fuerte e iluminada. Con el necessaire cerca, hice todo lo que estaba a mi alcance para poder distraerme. Uf, esta espera. Como si fuera poco, encima de tener que ser cortado en la mitad, hay que tener la paciencia para esperar y esperar que esto suceda. Cada vez que se abría la puerta - y en los hospitales las entradas son incontables, para limpiar, para pedir la comida del acompañante para preguntar, para sacar, para poner, cada vez que un ruido exterior interrumpía nuestra charla o nuestros silencios, el corazón salticaba alerta y bombeaba más sangre para poder escapar del peligro. Por un lado, el instinto nos prepara para correr; dale, rápido, nada de tajos y heridas; por el otro, no, hay que quedarse, esto es para bien, es "profiláctico", "preventivo", "electivo". No sé si al corazón lo convenzan estas palabras, quizás sí "profiláctico", puede tener que ver un poco más con el amor, o, al menos, con la promesa o la ilusión del amor.
A mí me tocaba en tercer lugar y eso significada al mediodía.
Cuando vino la enfermera con la media pastillita pre-anestesia ya sabíamos. Ahora sí. Al rato volvío. -Chau, chau, nos vemos en un rato-. (¿Cuánto es un rato cuando uno está totalmente en el limbo? Un rato) y directamente con la cama al quirófano que queda a la "vuelta de la esquina" de mi habitación, la 459.
Ahora sola, pensando en el mar, en girasoles, en una luz blanca que me protege, en Mati, en mamá, papá y María. Me entran al quirófano - decir que "entro" en primera persona implica más voluntad y voz activa de la que hubo - y hablo con la anestesista y los técnicos. Me hacen chistes, me tratan bien. Me ponen el cateter para la peridural de después. Me pasan como en un cuento de ciencia ficción de la cama a la mesa de quirófano, todo automáticamente. -Vas a sentir que te caes al vacío pero no pasa nada-. -Sí, a vos no te pasa nada-, pienso yo. La anestesista, una mujer joven, muy linda y cariñosa, de ojos muy celestes me cuenta que tiene una hija de 8 años y que yo parezco tan chiquita como ella. Le dijgo que tengo 30. Me dice que me elija un lindo sueño.
Sueño que paseo con Laura por el bosque.
Me despierto en la "Sala de despertarse". En seguida recuerdo todo. Estoy demasiado despierta. Pregunto la hora. Son las 15:45 hs. Me miro la cicatriz, la venda, en realidad,no se ve nada. Pienso: - Ah, no es tan grande -. Estoy enchufada por todos lados.
Me llevan a la terapia intensiva y al rato entran los tres con batas verdes. Me alegro de verlos, se alegran de verme. De repente, pip, pip, pip. El monitor dice que el corazón late a mil. Se lo dice a ellos, yo lo siento adentro. Caras de preocupación y ese ruido tan molesto. No, no es nada, son sólo los dolores que empiezan a aparecer y la emoción de verlos. No entiendo todavía por qué estoy tan despierta. Traen la bomba de el epidural. Tengo un botoncito; cada vez que siento dolor, puedo apretarlo. Lo llaman "bonus". Se me duermen las piernas, es parte de la historia. Hay que ajustar la dosis. Les piden a los tres que entren de a uno, que es demasiado. Me cuentan que el cirujano, mi médico chino en Alemania, el Dr. Chen, dijo que salió todo bien, sin problemas. Que duró una hora, que está muy contento. Mati me dice palabras de amor, Laura que piense en cosas lindas y Cacho dice "extraordinario" y se van juntitos.
Vino la troupe temprano charlamos del dengue, de los Kirchner, del aeropuerto, de los panes alemanes, de Berlín, de María, de Buenos Aires, de la muerte de Alfonsín. Suerte que Cacho trajo los temas para ponernos al día. Con tal de distraerse, cualquier tema viene bien.
Me senté al lado de la ventana abierta para que me acariciara el sol. Me imaginé que me estaba entrando la energía bien adentro, para estar fuerte e iluminada. Con el necessaire cerca, hice todo lo que estaba a mi alcance para poder distraerme. Uf, esta espera. Como si fuera poco, encima de tener que ser cortado en la mitad, hay que tener la paciencia para esperar y esperar que esto suceda. Cada vez que se abría la puerta - y en los hospitales las entradas son incontables, para limpiar, para pedir la comida del acompañante para preguntar, para sacar, para poner, cada vez que un ruido exterior interrumpía nuestra charla o nuestros silencios, el corazón salticaba alerta y bombeaba más sangre para poder escapar del peligro. Por un lado, el instinto nos prepara para correr; dale, rápido, nada de tajos y heridas; por el otro, no, hay que quedarse, esto es para bien, es "profiláctico", "preventivo", "electivo". No sé si al corazón lo convenzan estas palabras, quizás sí "profiláctico", puede tener que ver un poco más con el amor, o, al menos, con la promesa o la ilusión del amor.
A mí me tocaba en tercer lugar y eso significada al mediodía.
Cuando vino la enfermera con la media pastillita pre-anestesia ya sabíamos. Ahora sí. Al rato volvío. -Chau, chau, nos vemos en un rato-. (¿Cuánto es un rato cuando uno está totalmente en el limbo? Un rato) y directamente con la cama al quirófano que queda a la "vuelta de la esquina" de mi habitación, la 459.
Ahora sola, pensando en el mar, en girasoles, en una luz blanca que me protege, en Mati, en mamá, papá y María. Me entran al quirófano - decir que "entro" en primera persona implica más voluntad y voz activa de la que hubo - y hablo con la anestesista y los técnicos. Me hacen chistes, me tratan bien. Me ponen el cateter para la peridural de después. Me pasan como en un cuento de ciencia ficción de la cama a la mesa de quirófano, todo automáticamente. -Vas a sentir que te caes al vacío pero no pasa nada-. -Sí, a vos no te pasa nada-, pienso yo. La anestesista, una mujer joven, muy linda y cariñosa, de ojos muy celestes me cuenta que tiene una hija de 8 años y que yo parezco tan chiquita como ella. Le dijgo que tengo 30. Me dice que me elija un lindo sueño.
Sueño que paseo con Laura por el bosque.
Me despierto en la "Sala de despertarse". En seguida recuerdo todo. Estoy demasiado despierta. Pregunto la hora. Son las 15:45 hs. Me miro la cicatriz, la venda, en realidad,no se ve nada. Pienso: - Ah, no es tan grande -. Estoy enchufada por todos lados.
Me llevan a la terapia intensiva y al rato entran los tres con batas verdes. Me alegro de verlos, se alegran de verme. De repente, pip, pip, pip. El monitor dice que el corazón late a mil. Se lo dice a ellos, yo lo siento adentro. Caras de preocupación y ese ruido tan molesto. No, no es nada, son sólo los dolores que empiezan a aparecer y la emoción de verlos. No entiendo todavía por qué estoy tan despierta. Traen la bomba de el epidural. Tengo un botoncito; cada vez que siento dolor, puedo apretarlo. Lo llaman "bonus". Se me duermen las piernas, es parte de la historia. Hay que ajustar la dosis. Les piden a los tres que entren de a uno, que es demasiado. Me cuentan que el cirujano, mi médico chino en Alemania, el Dr. Chen, dijo que salió todo bien, sin problemas. Que duró una hora, que está muy contento. Mati me dice palabras de amor, Laura que piense en cosas lindas y Cacho dice "extraordinario" y se van juntitos.
viernes, 24 de abril de 2009
Día 0 - La internación
Día hermoso en Berlín, primaveral y soleado. Me levanté muy tempranito como si me fuera de viaje, me duché, me depilé, me encremé. Qué rara la sensación de querer entrar linda y bien limpita al quirófano. Además, armé la valijita. -Sí, es como irse 10 días de viaje a algún lado- pensé. Mientras me preguntaba qué guardar, cuánto guardar, para cuántos días - y esto significa en detalle lo siguiente: cuántos días voy a estar en la bata en terapia intensiva, voy a estar despierta, me voy a cambiar la ropa, ¿bombachas?, ¿1, 2, 3 libros? ¿Qué voy a hacer, cómo voy a sentirme? - asocié que en alemán el piso del hospital, la internación la llaman "Station", o sea, me voy a la estación, con mi valijita con rueditas, con un poco de ropa y un par de libros.
Quería que fuéramos caminado para ver el camino que Laura, Cacho y Matias harían diariamente pero no tuvimos tiempo. En taxi son 2 minutos.
En la admisión hacer los trámites; es como un check in a un hotel en el cual uno no se quiere quedar. Por suerte, uno es convencido un poco con tanta amabilidad. Hay que pagar un extra por la habitación privada y el acompañante (quien, sí o sí, recibe las comidas del hospital, suerte que hay menúes varios para elegir). Es en Euros y sólo por eso es caro. La plata pierde un poco su contexto cuando estamos en el mundo de las hemicolectomías. Todo vale para estar mejor, aunque sea un postoperatorio en Euros.
Sacan sangre para chequear que todo esté en orden y ésa es mi primera aproximación con el regreso y la dimensión Hosp: te pinchan, te sacan algo que es de adentro para afuera, miran valores que son secretos, que no son para mostrar. La charla de admisión con el médico: -¿ya sabés, no? Te hacen un tajo en la panza, te cortan todo el lado derecho del intestino grueso, un 30% del total y por anastomosis te lo cosen al delgado-. Suena tan tan simple, parece un copy paste. Pero es mi cuerpo, che. Un poco pienso - ¿Qué hago hoy acá, y si me voy a un museo de la Isla de los Museos? Hay varios que me faltan.-. - Su caso es un caso muy raro, Sra. Villar-. -Sí, ya sé - agrego yo y me digo- ¿eso es bueno o mal0? Soy 1 en 1 millón. Qué especial.Yo soy esa una así que la experiencia de los otros 999.999 no me dice mucho.
La habitación es linda y soleada. La ventana da a muchos árboles y se escuchan los pajaritos.
Almorzamos en las mesitas del restaurante de enfrente. Wienerschnitzel mit Pommes Frites (mila con fritas) y con unas ganas. La última comida antes de un menú de Gotas de Suero a la Suero con plato principal de Suero con Sodio y Potasio y de postre Suero con suero. A las 16 hs. empiezan a darme 2/3 litros del preparado para vaciar las tripas. ¡Puaj! Encima es transparente qué tramposo. Podría ser agua y uno se confía y ese sabor. Debería ser gris con grumos. Sabe a eso. El primer litro bajó, el segundo costó algunas arcadas, el tercero fue pasando de un trago de juego al principio y otro al final a uno y uno. Así hasta las 12 de la noche, con visitas inmediatas al baño. Por suerte, llegó Cacho en la mitad del procedimiento y trajo relatos y regalos que distrajeron. Ya está la comunidad de la operación Berlín: Laura, Cacho y Matías acá. María allá con Nura, Tini, Vicky, Alicia, la familia, los primos, los amigos, todos. Los siento conectados y están conmigo. Lo lindo de esta experiencia es el amor.
Quería que fuéramos caminado para ver el camino que Laura, Cacho y Matias harían diariamente pero no tuvimos tiempo. En taxi son 2 minutos.
En la admisión hacer los trámites; es como un check in a un hotel en el cual uno no se quiere quedar. Por suerte, uno es convencido un poco con tanta amabilidad. Hay que pagar un extra por la habitación privada y el acompañante (quien, sí o sí, recibe las comidas del hospital, suerte que hay menúes varios para elegir). Es en Euros y sólo por eso es caro. La plata pierde un poco su contexto cuando estamos en el mundo de las hemicolectomías. Todo vale para estar mejor, aunque sea un postoperatorio en Euros.
Sacan sangre para chequear que todo esté en orden y ésa es mi primera aproximación con el regreso y la dimensión Hosp: te pinchan, te sacan algo que es de adentro para afuera, miran valores que son secretos, que no son para mostrar. La charla de admisión con el médico: -¿ya sabés, no? Te hacen un tajo en la panza, te cortan todo el lado derecho del intestino grueso, un 30% del total y por anastomosis te lo cosen al delgado-. Suena tan tan simple, parece un copy paste. Pero es mi cuerpo, che. Un poco pienso - ¿Qué hago hoy acá, y si me voy a un museo de la Isla de los Museos? Hay varios que me faltan.-. - Su caso es un caso muy raro, Sra. Villar-. -Sí, ya sé - agrego yo y me digo- ¿eso es bueno o mal0? Soy 1 en 1 millón. Qué especial.Yo soy esa una así que la experiencia de los otros 999.999 no me dice mucho.
La habitación es linda y soleada. La ventana da a muchos árboles y se escuchan los pajaritos.
Almorzamos en las mesitas del restaurante de enfrente. Wienerschnitzel mit Pommes Frites (mila con fritas) y con unas ganas. La última comida antes de un menú de Gotas de Suero a la Suero con plato principal de Suero con Sodio y Potasio y de postre Suero con suero. A las 16 hs. empiezan a darme 2/3 litros del preparado para vaciar las tripas. ¡Puaj! Encima es transparente qué tramposo. Podría ser agua y uno se confía y ese sabor. Debería ser gris con grumos. Sabe a eso. El primer litro bajó, el segundo costó algunas arcadas, el tercero fue pasando de un trago de juego al principio y otro al final a uno y uno. Así hasta las 12 de la noche, con visitas inmediatas al baño. Por suerte, llegó Cacho en la mitad del procedimiento y trajo relatos y regalos que distrajeron. Ya está la comunidad de la operación Berlín: Laura, Cacho y Matías acá. María allá con Nura, Tini, Vicky, Alicia, la familia, los primos, los amigos, todos. Los siento conectados y están conmigo. Lo lindo de esta experiencia es el amor.
Etiquetas:
internación,
prequirúrgico,
vaciar las tripas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)