jueves, 7 de mayo de 2009

"Para obtener sabiduría se necesita tiempo"

... y así empezaba el Día 16 que nunca terminé. Ese día había soñado que en un pasillo de mi secundaria yo iba y venía porque tenía muchas cosas que hacer. Andaba a las corridas, como acostumbro hacer - menos ahora, claro - y alguien me decía esa frase. Me desperté como si hubiera tenido una revelación. Hay cosas que sólo con el tiempo encuentran su camino, hay procesos que no se pueden adelantar ni acelerar (tampoco atrasar, supongo). Hay que entregarse.

Los últimos días en Berlín

Cansada como si hubiera escalado el Himalaya ida y vuelta como tres veces. Con un descanso de una noche o de una siesta apenas recargaba. Muy flaca y me agitaba con cualquier cosa.
Matías aprendió a hacer pastel de papa, uno de mis platos favoritos que me cae bastante bien. Laura le enseñó antes de su partida. Cuando María y Laura se volvieron a Buenos Aires empezó también nuestra retirada.
La última semana alquilamos un Smart ¡descapotable! exclusivamente para hacer trámites. Había que ir a Potsdam a la Universidad a despedirse - mi paso fantasma por aquel lugar donde iba a hacer mi proyecto -, a la embajada argentina para hacer un certificado por enfermedad - el primer choque con la realidad argentina, en cuatro meses no había vuelto a ver un sello (y eso que hice muuuchos trámites: me anoté en la ciudad de Berlín, pedí el seguro, la llave de la oficina, una tarjeta para fotocopias, extendí mi visa, me interné y desinterné, y, y, y...) y para el certificado de "estuvo internada en Alemania" me pusieron CUATRO sellos, al hospital para el alta definitiva - donde saludé y fui saludada por cada uno de los médicos, con regalitos y mails de por medio, y las últimas compritas (que fueron muy pocas, dada la incomodidad). Ah, y una de las actividades full time fue ver cómo conseguíamos las millas para viajar en Business Class. No vale la pena escribir al respecto, más allá de que fue un arduo trabajo. ¡Lo logramos, viajaríamos los dos en Business, recostaríamos las butacas hasta hacerlas camas, esperaríamos en la sala de Business y me llevarían con el autito de aeropuerto por los km y km de los pasillos de Frankfurt.

No es ligero el equipaje para tan largo viaje

Aunque nos habíamos propuesta hacer todo con tiempo, las cosas salen como salen. Hacer valijas después de vivir cuatro meses y medio en otro país, en 3 departamentos, con tránsito de madre, padre, marido, hermana que van y vienen... y no, no fue facil. Menos aún casi sin poder moverme. Matías juntaba cosas en una caja y me las traía a la cama. Yo las seleccionaba y las guardaba en la valija que tan cómodamente reposaba a mi lado en la cama. ¡Cuántas cosas juntamos! Con mucha ansiedad y nervios lo logramos pero no logramos acostarnos antes de la1 de la mañana y a las 4 am había que levantarse para salir a las 4.30 am. Yo ni durmiendo 10 horas me sentía descansada, ni hablar de 3 horas. Qué esfuerzo abismal.

El vuelo

Business Class es lo más... pero para mí sólo alcanzó para que el vuelo fuera aceptable. Lo hizo posible, soportable. Ni el sillón más cómodo del mundo entero podría haber estado cómoda más de dos o tres horas. Ni hablar de 14, a 10.000 de altura, con la panza hinchada, 3 horas de sueño y sin poder aceptar la pasta con crema de espárragos y mezclum de verduras y vino. - ¿Menú de hospital no hay? Porque ni el normal, ni el vegetariano ni el kosher me van -. Así comí los dos sanguchitos que habíamos hecho por si esto nos pasaba. No puedo decir que tenía hambre, pero tampoco esto fue una variable que ayudó. Las películas las ojeé pero a las 10 horas ya no había qué hacer. Tejí crochet, hice collares con mostacillas, jugamos a la canasta, hice lo que pude. La parte del Atlántico es larga, con toda esa inmensidad de agua. Suerte que lo del Airbus fue ese día pero más tarde, los pensamientos podrían haber sido aún peores.

La llegada a Buenos Aires

Exhausta pero aliviada. Lo logramos, lo tenemos atrás nuestro. Ahora a recuperarse, reponerse y descansar. Con carne, calabaza y dulce de leche. Con amigos y familia.
Me temblaban las piernas. Por suerte en Lufthansa habíamos avisado e hicimos todos los trámites con una silla de ruedas. Qué ridículo el cuestionario por la Influenza A. Y hasta nos tomaron la temperatura con el sensor.
Cuando salimos, estaban Cacho, Laura y Cecilia. De sorpresa, las chicas, Ro, Cari y Andy. Me emocioné y largué algunas lagrimitas. Abrazos, besos y palabras. Andy con su novedad. Se sumó Vere, con Tomás y Tomi, un bebé tan feliz. Volví a mi mundo. Estoy en casa.

Días 14 y 15 - Cicatrizando

Estoy relajándome, poco a poco. Me doy cuenta de que no sólo hay que cicatrizar la panza, el corte que se ve, el de la superficie. También en las entrañas hubo un corte y un pegue y hay que dar tiempo y espacio para que se generen los nuevos tejidos. Sin embargo, las otras cicatrices, las que no se ven, están. Aunque estemos aliviados y sepamos que en un par de años esto, probablemente, quede como una anécdota en Berlín, la cicatriz está fresquita y con ella los sustos, los temores, la vulnerabilidad y la sensación de ser debil y pequeños seres pequeños. No estoy triste ni bajoneada, pero sí fue flor de paliza y ahora es el momento de cicatrizar, de a poco y lentamente. Cada proceso lleva su tiempo y la naturaleza nos muestra sus ciclos cada día.
Por las mañanas me despierto bastante bien y el desayuno es la mejor comida. Dos panes con manteca, queso-crema y dos fetas de queso gouda (¡48% grasa, hago lo contrario de lo que hace la gente, buscar en las góndolas los productos más calóricos) más mermelada de durazno encima. Sí, una bomba, todo lo que puedo. Un té con leche con dos terrones de azúcar... hace años que no tomaba el té con azúcar pero hay que agregar todo lo que se puede. Si todavía entra, un poco de yoghurt. La ducha es día por medio o cada dos, sepan disculpar, la cicatriz no debe ser mojada con tanta regularidad, más vale que esté sequita un par de días más (hasta el fin de semana con la venda). Después de la ducha tengo que descansar como una hora. Me deja a-go-ta-da pero limpita y encremada. A la mañana trato de leer un artículo para mi proyecto de acá. Me cuesta mucho concentrarme y hace días que avanzo poco pero es como para tener el hábito. Después del almuerzo (pastas, pureses, pollito y similar) me toca una siesta de como dos horas. A veces, no duermo pero al menos estoy en la cama. Estos días en los que María viene a almorzar, además, está toda la excitación de esperarla y que nos cuente sus obras de teatro y paseos. A la tarde toca tejer o leer y a la nochecita un poco de tele. La última novedad es que hice imprimir las fotos del casamiento (todo por internet, me llegaron por correo y transferí la plata desde el Homebanking ¡una vez llegadas las fotos! - Lo que e' el primer mundo, vio) y llegaron ayer así que ya tenía planeado hacer el album en esta etapa de recuperación. Antes de la internación compré todas las cosas y manualidades y Laura compró hoy el segundo tomo y mañana empiezo. Va a quedar pipí cucú, con todo el tiempo que me sobra ahora para hacerlo. Es bueno tener un proyecto y ahora éste va a ser el mío, mientras cicatrizo,hacer cosas que me gustan y disfrutarlas.

lunes, 4 de mayo de 2009

Días 11, 12 y 13 - Volver a empezar

No es de vagancia, no es de inercia, no es de distracción. Tengo un nivel de debilidad y cansacio que no sabía que uno podía tener. Es una sensación distinta, no es como si uno estuviera enfermo o como si hubiera hecho deporte o como si hubiera trasnochado. Es un cansancio total, como si el cuerpo hubiera gastado todo y ahora quedara en modo reserva, en piloto automático, en stand-by. No llega a ser sueño o agotamiento físico, ni siquiera desgano. Es un cansancio pleno. Levantarme de la cama, caminar al baño, comer, buscar algo, moverme, todo esto me acelera el pulso y necesito un rato para reponerme. Me dijo nuestro médico amigo que no es sólo la falta de peso o la gran operación sino también cómo queda el cuerpo después de tanto stress y adrenalina. Tanto puse el cuerpo para recuperarme rápido que es como una verdadera lucha de box. Das todo durante la pelea y los golpes no duelen tanto, pero, cuando la pelea termina, uno queda hecho una piltrafa. Estoy en la etapa piltrafita, entonces. No duermo tanto pero voy de cama a silla, de silla a sillón, de sillón a silla. Leo, tejo, miro películas. Hasta hablar me cansa así que estoy muy callada. Pobre Laura que está acostumbrada a tener una cotorra al lado y no a iniciar ella la conversación y que yo, la charleta, le responda con monosílabos. ¡Aprovechen, digan todo lo que quieran que ahora no hablo yo! Así es como nuestros días están bastante silentes, todo esto, claro, magnificado por la ausencia de Matías y Cacho quienes se fueron el sábado. Con poca energía, encima sin marido y sin padre, sí, me siento un poco triste y desganada. El alta es algo complejo porque sin duda uno quiere irse de un hospital, pero, a la vez, acá afuera está toda la vida de la que uno todavía no puede participar y con algunos sustos y un poco menos contenida. Para no ponerme demasiado melancólica, trato de pensar que cada día voy a estar mejor y apuesto a la mañana siguiente. Así funciona. A lo mejor, sólo estoy un poco anémica. Con mis 43 kg. no hay mucho resto. Trato de comer bien pero tampoco tengo un apetito jovial; por lo pronto, me dejan comer seguido aunque no sea tanto. Tomar mucho líquido y comer aunque sea algo de a ratos. Laura se frustra un poco porque le hago caras a sus ofrecimientos, pero, bueno, che, hago lo puedo.
La buena noticia es que ayer llegó María. Por esas casualidades de la vida, yo me iba a volver el 2 y ella iba a llegar el 3. Al final, termina ella visitándonos a Laura y a mí en nuestra mansión. Ella está muy ocupada con su Theaterforum pero pasó ayer un ratito de camino del aeropuerto al hotel y hoy vino a almorzar. Las tres juntas en Berlín, no nos lo hubiéramos imaginado. Ahora, Laura tiene a sus dos hijitas y una interlocutora con muchas anécdotas nuevas para contar. Yo puedo escuchar, me hace bien. Como todavía apenas podemos salir - salí dos veces, caminé un par de metros, fuimos al supermercado, todo me resultó demasiado aún - con María entra un poco de Berlín al departamento.

Día 10 - El alta y ahora empieza el trabajo

Todo empezó tempranito: vino el Prof. Dr. Dr., el director de Cirugía General (acá en Alemania son muy hinchas con los títulos; es que, ¡lo que cuesta conseguirlos!) a mi habitación a saludarme. Toda una despedida.
Después vino el médico griego con su "sacabocados" - o algo así - a sacarme los "puntos", que, acá y ahora son unos ganchitos iguales a los de la abrochadora. Conté 19, pero puedo haberme equivocado, la perspectiva no era buena. La cicatrización parece estar en buen camino... También, si cicatrizar y regenerar tejidos se lleva 1500 kcal diarias, más vale que salga linda. Después de la liberación, un gran alivio: ¡poder ducharse! Como se ponen en perspectiva las pequeños placeres de la vida: una ducha. Sin embargo, todavía no la puedo disfrutar del todo, la cicatriz tira, la presión baja, ¡y qué cansancio! Cansada pero limpia.
Otro pequeño ataque de llanto. Es como si me hubiera agarrado la depresión posthospital, toda de golpe. Laura se enoja un poco y quedamos un poco enfrentadas. Después vuelve y ella y Matías hacen la valija. Digo bien, valija, porque todo lo que junté estos diez días. Bueno, che, así de rápido también me recuperé, necesitaba acá todos los regalitos, las distracciones, las pavadas.
Terminamos con los trámites y salí al mundo exterior. Todo parece haber cambiado poco.
El viaje en taxi - son 5 minutos - fue todo un stress. Subir al primer piso también me llevó su tiempo. Por todo esto, la tarde transcurrió muy a lo Charly, "yendo de la cama al living". Almorzamos comida hecha por Cacho - ¡al fin comida nativa, casera y familiar! - y Laura y Cacho aprovecharon para salir a pasear en su única tarde libre. Yo, descansé y Mati me hizo compañía. Es lindo estar afuera y retomar cierta vida normal, pero estoy tan cansada...

Día 9 - Es positivo que dé negativo

El día transcurrió de acuerdo a los hábitos hospitalarios adquiridos. Se mantienen los horarios de las comidas, de los paseos, de los recreos, la siesta, la visita de los médicos. Uno es un paciente con paciencia y pasivo mientras transcurren las horas. Es más simple vivir así pero uno se transforma en una especie de cuerpo-maquinita. Falta de todo.
La gran noticia del día de hoy es que los estudios hitológico-patológicos de mi ala derecha del intestino dieron negativos, es decir, no contienen o no muestran o no encontraron células cancerígenas. Uno podría pensar, entonces, que la operación fue en vano. En realidad, son buenas noticias, en realidad, significa que no tengo células malignas en mi cuerpo y que todo va a seguir bien. En un par de meses voy a poder retomar mi vida, sin pensar en la incertidumbre o sin tener que hacer chequeos seguidos con su obvia cuota de angustia.
Con el alivio y con que todo está saliendo bien llega un poco la descarga y hoy estuve un poco llorona y sensible. Estoy bajando un poco la adrenalina y el estado de alerta, de a poco, voy relajándome un poco. Mañana me dan el alta, me la merezco luego de tanto trabajo.