... y así empezaba el Día 16 que nunca terminé. Ese día había soñado que en un pasillo de mi secundaria yo iba y venía porque tenía muchas cosas que hacer. Andaba a las corridas, como acostumbro hacer - menos ahora, claro - y alguien me decía esa frase. Me desperté como si hubiera tenido una revelación. Hay cosas que sólo con el tiempo encuentran su camino, hay procesos que no se pueden adelantar ni acelerar (tampoco atrasar, supongo). Hay que entregarse.
Los últimos días en Berlín
Cansada como si hubiera escalado el Himalaya ida y vuelta como tres veces. Con un descanso de una noche o de una siesta apenas recargaba. Muy flaca y me agitaba con cualquier cosa.
Matías aprendió a hacer pastel de papa, uno de mis platos favoritos que me cae bastante bien. Laura le enseñó antes de su partida. Cuando María y Laura se volvieron a Buenos Aires empezó también nuestra retirada.
La última semana alquilamos un Smart ¡descapotable! exclusivamente para hacer trámites. Había que ir a Potsdam a la Universidad a despedirse - mi paso fantasma por aquel lugar donde iba a hacer mi proyecto -, a la embajada argentina para hacer un certificado por enfermedad - el primer choque con la realidad argentina, en cuatro meses no había vuelto a ver un sello (y eso que hice muuuchos trámites: me anoté en la ciudad de Berlín, pedí el seguro, la llave de la oficina, una tarjeta para fotocopias, extendí mi visa, me interné y desinterné, y, y, y...) y para el certificado de "estuvo internada en Alemania" me pusieron CUATRO sellos, al hospital para el alta definitiva - donde saludé y fui saludada por cada uno de los médicos, con regalitos y mails de por medio, y las últimas compritas (que fueron muy pocas, dada la incomodidad). Ah, y una de las actividades full time fue ver cómo conseguíamos las millas para viajar en Business Class. No vale la pena escribir al respecto, más allá de que fue un arduo trabajo. ¡Lo logramos, viajaríamos los dos en Business, recostaríamos las butacas hasta hacerlas camas, esperaríamos en la sala de Business y me llevarían con el autito de aeropuerto por los km y km de los pasillos de Frankfurt.
No es ligero el equipaje para tan largo viaje
Aunque nos habíamos propuesta hacer todo con tiempo, las cosas salen como salen. Hacer valijas después de vivir cuatro meses y medio en otro país, en 3 departamentos, con tránsito de madre, padre, marido, hermana que van y vienen... y no, no fue facil. Menos aún casi sin poder moverme. Matías juntaba cosas en una caja y me las traía a la cama. Yo las seleccionaba y las guardaba en la valija que tan cómodamente reposaba a mi lado en la cama. ¡Cuántas cosas juntamos! Con mucha ansiedad y nervios lo logramos pero no logramos acostarnos antes de la1 de la mañana y a las 4 am había que levantarse para salir a las 4.30 am. Yo ni durmiendo 10 horas me sentía descansada, ni hablar de 3 horas. Qué esfuerzo abismal.
El vuelo
Business Class es lo más... pero para mí sólo alcanzó para que el vuelo fuera aceptable. Lo hizo posible, soportable. Ni el sillón más cómodo del mundo entero podría haber estado cómoda más de dos o tres horas. Ni hablar de 14, a 10.000 de altura, con la panza hinchada, 3 horas de sueño y sin poder aceptar la pasta con crema de espárragos y mezclum de verduras y vino. - ¿Menú de hospital no hay? Porque ni el normal, ni el vegetariano ni el kosher me van -. Así comí los dos sanguchitos que habíamos hecho por si esto nos pasaba. No puedo decir que tenía hambre, pero tampoco esto fue una variable que ayudó. Las películas las ojeé pero a las 10 horas ya no había qué hacer. Tejí crochet, hice collares con mostacillas, jugamos a la canasta, hice lo que pude. La parte del Atlántico es larga, con toda esa inmensidad de agua. Suerte que lo del Airbus fue ese día pero más tarde, los pensamientos podrían haber sido aún peores.
La llegada a Buenos Aires
Exhausta pero aliviada. Lo logramos, lo tenemos atrás nuestro. Ahora a recuperarse, reponerse y descansar. Con carne, calabaza y dulce de leche. Con amigos y familia.
Me temblaban las piernas. Por suerte en Lufthansa habíamos avisado e hicimos todos los trámites con una silla de ruedas. Qué ridículo el cuestionario por la Influenza A. Y hasta nos tomaron la temperatura con el sensor.
Cuando salimos, estaban Cacho, Laura y Cecilia. De sorpresa, las chicas, Ro, Cari y Andy. Me emocioné y largué algunas lagrimitas. Abrazos, besos y palabras. Andy con su novedad. Se sumó Vere, con Tomás y Tomi, un bebé tan feliz. Volví a mi mundo. Estoy en casa.
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