lunes, 4 de mayo de 2009

Día 10 - El alta y ahora empieza el trabajo

Todo empezó tempranito: vino el Prof. Dr. Dr., el director de Cirugía General (acá en Alemania son muy hinchas con los títulos; es que, ¡lo que cuesta conseguirlos!) a mi habitación a saludarme. Toda una despedida.
Después vino el médico griego con su "sacabocados" - o algo así - a sacarme los "puntos", que, acá y ahora son unos ganchitos iguales a los de la abrochadora. Conté 19, pero puedo haberme equivocado, la perspectiva no era buena. La cicatrización parece estar en buen camino... También, si cicatrizar y regenerar tejidos se lleva 1500 kcal diarias, más vale que salga linda. Después de la liberación, un gran alivio: ¡poder ducharse! Como se ponen en perspectiva las pequeños placeres de la vida: una ducha. Sin embargo, todavía no la puedo disfrutar del todo, la cicatriz tira, la presión baja, ¡y qué cansancio! Cansada pero limpia.
Otro pequeño ataque de llanto. Es como si me hubiera agarrado la depresión posthospital, toda de golpe. Laura se enoja un poco y quedamos un poco enfrentadas. Después vuelve y ella y Matías hacen la valija. Digo bien, valija, porque todo lo que junté estos diez días. Bueno, che, así de rápido también me recuperé, necesitaba acá todos los regalitos, las distracciones, las pavadas.
Terminamos con los trámites y salí al mundo exterior. Todo parece haber cambiado poco.
El viaje en taxi - son 5 minutos - fue todo un stress. Subir al primer piso también me llevó su tiempo. Por todo esto, la tarde transcurrió muy a lo Charly, "yendo de la cama al living". Almorzamos comida hecha por Cacho - ¡al fin comida nativa, casera y familiar! - y Laura y Cacho aprovecharon para salir a pasear en su única tarde libre. Yo, descansé y Mati me hizo compañía. Es lindo estar afuera y retomar cierta vida normal, pero estoy tan cansada...

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